
La imaginación del Señor Rogers lo ha llevado a creer que las fichas del juego de las damas son verdaderamente mujeres de noble espíritu, con varios años recorridos, que se divierten saltando una por encima de la otra con el mismo afán de las abuelas que juegan a las cartas. Las ve, y por eso le gusta jugar.
Tal vez en el origen del juego las fichas representaban otra cosa además de mujeres. Pero nada puede asegurarlo. Como casi todos los juegos clásicos, su origen es incierto. Se recorre su historia hasta el 1500, se hace difusa hasta el 1100 y se intuye hasta el antiguo Egipto, 1600 años antes del nacimiento de Cristo. Algunos sostienen que su nombre, su tablero y sus movimientos nacen del ajedrez, en particular de su reina, también llamada dama. Otros, los menos, sostienen algo contrario.
Desde la incógnita, aparece ante la humanidad de hoy a travéz de la España del Siglo XV. Con el paso del tiempo y de los lugares, el juego fue adquiriendo distintas características según dónde y quiénes los jugaran. Se derivaron así de las damas españolas, las damas francesas, las damas italianas, las inglesas, las americanas, las rusas. La versión más jugada hoy día se denomina damas polacas y es la que presenta 10 casillas por lado y ciertas reglas que la caracterizan.
Además es la que nosotros presentamos, en una versión mini, plateada, roja y negra, con las fichas bien pequeñas, una bolsa de tela para que no se pierdan y la caja forrada en papel de diario para leer las noticias de ayer.
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